Septiembre 2025 - La masia d'Esplugues
Dicen que septiembre tiene una luz diferente, un dorado especial que lo envuelve todo. Pero os aseguro que la luz de este día no venía (solo) del sol, sino de ellos. Hay bodas que son pura fiesta y otras que son puro protocolo. La suya fue, sencillamente, pura verdad. Una boda de día, relajada y pensada para disfrutar con los suyos, donde lo importante no eran los tiempos marcados, sino los abrazos apretados.
El escenario elegido fue la Parroquia de Santa Maria Reina en Pedralbes. Un lugar imponente por su arquitectura, pero que se sintió increíblemente íntimo en cuanto Silvia cruzó la puerta.
Si tuviera que definir la ceremonia en una palabra sería: emoción. Nada de posturas forzadas. Aquí hubo nervios de los buenos, voces entrecortadas al leer los votos y, sobre todo, muchas lágrimas (de las de felicidad, claro). Ver a David no pudiendo contener la emoción al verla llegar fue uno de esos momentos que me recuerdan por qué soy fotógrafa de bodas.





Tras el "sí, quiero" y la lluvia de arroz, hicimos un pequeño cambio de guion. Lejos de la improvisación total, Silvia y David tenían claro que querían jugar un poco con la cámara. Me pidieron una dirección de arte más marcada, buscando recrear unas ideas creativas muy concretas que traían en mente.
Confieso que al principio asomó un poco de vergüenza (esa risa nerviosa que no falla), pero fueron los novios más obedientes del mundo. Se dejaron guiar, confiaron ciegamente en mis indicaciones a pesar del corte inicial y esa mezcla de timidez y entrega dio como resultado unas imágenes sencillamente espectaculares.







Llegamos a La Masía de Esplugues con ganas de celebrar. Al ser una boda de día, el aperitivo en el exterior fue una gozada. La temperatura era perfecta y se respiraba mucha tranquilidad y buen rollo: cervezas, risas, reencuentros y esa sensación de "estamos en casa".
La comida siguió la misma línea: sencilla pero emotiva. Hubo regalos especiales para los más allegados y, por supuesto, el corte del pastel, que dio el pistoletazo de salida a la parte más gamberra del día.




Y llegó el momento del baile. Aquí voy a ser sincera: olvidad las coreografías de película. Silvia y David le tenían pánico a este momento pero justamente eso fue lo que lo hizo mágico.
Se agarraron el uno al otro como salvavidas, entre risas nerviosas, algún pisotón perdonado al instante y esa vergüenza compartida que solo tienen dos personas que se conocen de verdad. Fue un baile "a su manera": tímido, pero increíblemente tierno y real.
Eso sí, en cuanto se pasó el mal trago de la canción lenta... ¡la vergüenza se quedó fuera de la pista y se desató la locura!






Gracias, chicos, por dejarme ser la fotógrafa de vuestra historia y por demostrar que las bodas sencillas, cuando hay amor del bueno, son las más espectaculares.

© Anna Parera. Todos los derechos reservados. 2026.